Las fotografías olvidadas de Paco Gómez

"Creo que es en el espíritu de la gente que empieza, donde habita la verdadera fuerza de la fotografía."

Hola Paco, ¡bienvenido a Harpo! Cuéntanos un poco sobre ti: ¿quién eres y a qué te dedicas?

Hola, soy Paco Gómez, un joven que nació hace cincuenta años en Madrid. Trabajé de basurero y con el primer sueldo me compré una cámara de fotos. Un golpe de suerte me llevó a trabajar con Castro Prieto en su laboratorio y allí tuve un contacto directo con los maestros de la fotografía española.

Fui socio fundador del colectivo NOPHOTO y ahora, aparte de hacer fotografías, me dedico a diseñar exposiciones, a escribir y publicar libros, a seleccionar fotografías para una colección pública, a editar la revista Líbero, a diseñar campañas de crowdfunding y a rescatar fotografías olvidadas. También juego al baloncesto, pero todos dicen que soy muy malo.

Te conocimos en esta edición del Revela-T con tu proyecto "Wattebled o el rastro de las cosas", en el que a partir de unas cajas con placas de vidrio del siglo XX compradas en el Rastro de Madrid, inicias un viaje por Francia para fotografiar los mismos lugares donde se tomaron esas placas y conocer la historia del que las hizo. Cuéntanos, ¿qué es lo que te llamó la atención de estas imágenes para iniciar esta aventura?

Me animé a comprar aquellas placas porque viéndolas al trasluz se intuía la calidad. Los encuadres eran perfectos y el fotógrafo tomaba una distancia con lo fotografiado muy particular.

La aventura la empecé cuando, al investigar descubrí quien las hizo y donde estaban tomadas. Para ello solo tenía la observación directa de las fotografías y unos pequeños datos sobre un par de papeles. Pero di con el fotógrafo, un tipo con pinta de Charlot que era un maestro de escuela francés aficionado a la fotografía. Revelaba sus propias placas y luego hacia copias por contacto para incluirlas en su álbum familiar.

¿Cómo fue la experiencia de seguir los pasos de Joseph Wattebled? ¿Alguna anécdota?

Pues fue un viaje muy emocionante durante un invierno huracanado. Lo realicé en solitario en febrero de 2020, justo antes del confinamiento. Fue algo así como el último viaje antes de que el mundo cambiara. Perseguía las huellas que un desconocido, que había nacido hacía 125 años, había dejado sobre unas placas de cristal.

Era un acto inútil, y durante el viaje tenía muchos bajones y me preguntaba que coño hacía allí. Pero me encanta esa sensación de fracaso que se siente cuando reivindicas a un fotógrafo olvidado que nadie conoce y a nadie le importa. Y más cuando el mundo de la fotografía va por otro lado. Con mi acción homenajeaba a la fotografía amateur, y a mis propias vivencias como fotógrafo de joven. Creo que es en el espíritu de la gente que empieza, donde habita la verdadera fuerza de la fotografía. La mejores anécdotas y revelaciones están en el libro, no me gustaría hacer spoiler.

"Me encanta esa sensación de fracaso que se siente cuando reivindicas a un fotógrafo olvidado que nadie conoce y a nadie le importa. Y más cuando el mundo de la fotografía va por otro lado. Con mi acción homenajeaba a la fotografía amateur, y a mis propias vivencias como fotógrafo de joven."

En 2013 publicaste "Los Modlin", proyecto que también surge a partir de unas fotografías encontradas esta vez en la basura. ¿Son los conceptos de archivo, pasado y memoria son una constante en tu obra?

Podríamos decir los conceptos que queramos, pero estos que propones en concreto además serían verdad. Podríamos añadir también: huida del estilo, cutrez, investigación, plagio, magia, literatura, auto ficción o fracaso. Tampoco nos equivocaríamos.

Te formaste como ingeniero de caminos, ¿qué es lo que hizo que dieras el salto a la fotografía?

En la universidad estaba la mítica AFC (Asociación Fotográfica Caminos). Tenía un laboratorio donde mi vida cambió cuando vi como emergía una imagen en la cubeta del revelador. En la AFC dábamos y recibíamos cursos que impartíamos los propios socios. También organizábamos concursos de fotografía y conseguimos contactar con grandes fotógrafos como Sanz Lobato o Rafael Trobat a los que pedíamos ser jurado.

Éramos los perfectos autodidactas. Allí compartíamos laboratorio Jorquera, Luis Martínez o Bonifacio Barrio, todos ellos acabamos renegando del trabajo de ingeniero y nos pasamos a la fotografía inoculados por un mismo virus. Al acabar la carrera, tuve claro que quería ser fotógrafo y me pasaba los días enteros viendo libros de fotografía en la biblioteca del Reina Sofia. Luego llegó el golpe de suerte de que Castro Prieto veraneara en mi pueblo. Vio una exposición mía en un bar y me invitó a acompañarle a Perú a seguir las huellas de Chambí con una cámara de 20x25. Al volver, me pidió que si quería trabajar en su estudio. Dije que sí claro, era como si me hubiera tocado la lotería.

"El hecho de que una foto cueste más hacerla y que después de tomada no pueda ser vista es una ventaja enorme porque se instala en tu memoria. La fotografía digital la ves al instante y la olvidas un segundo después. Y la olvidas porque la has visto."

Trabajas en analógico en plena era digital, ¿por qué? ¿Qué es lo que tiene este formato que no te aporta el digital?

He de decir que a mí cada vez me gusta menos hacer fotos. O me gusta hacer menos fotos. Trabajo en digital para cosas de encargo y muchas veces para mi propio proceso de investigación, el mundo digital supone un avance para muchas cosas, pero no para todas.

La fotografía analógica la uso para realizar fotografías que antes han sido imaginadas. Me las revelo yo mismo en el laboratorio de mi casa. La principal ventaja del analógico es la pausa, esa invitación a la reflexión. El hecho de que una foto cueste más hacerla y que después de tomada no pueda ser vista es una ventaja enorme porque se instala en tu memoria. La fotografía digital la ves al instante y la olvidas un segundo después. Y la olvidas porque la has visto.

Si solo pudieras elegir una cámara y un carrete, ¿cuáles elegirías?

Elijo por fidelidad a mis cámaras. Una Nikon F90 para 35 mm, la Rolleiflex para 6x6 y una Wista de 4x5 para gran formato. No son las mejores ni las más operativas, pero son las mías. Como carrete el TriX-400 revelado con D-76.

Un fotógrafo o fotógrafa que te haya marcado.

Paso de decir uno: Clifford, Laurent, Cartier-Bresson, Marc Riboud, Stanley Kubrick, Depardon, Sally Mann, Masats, Sanz Lobato, Castro Prieto….

Si tuvieras que recomendarnos un fotolibro, ¿cuál sería?

Cualquiera de las maravillosas guías de viaje de Contacts avec le monde de la editorial francesa Flammarion. Con fotografías de Cas Oorthuys, un genio.


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