La fotografía como necesidad en Román Yñán

"Todo mi trabajo, si es que es un trabajo, es un intento de hacer desaparecer la línea que separa la fotografía de la vida (...). La vida y lo cotidiano son más interesantes que cualquier forma de celebración."

Hola Román, ¡bienvenido a Harpo! Cuéntanos un poco sobre ti: ¿quién eres y a qué te dedicas?

Me dedico a la fotografía en un amplio espectro: artístico, pedagógico, cultural…

Si alguien que no conoce tu trabajo, ve tu Instagram, se encontrará con una gran cantidad de fotos de tu familia. ¿Qué es lo que te lleva a fotografiar tu entorno más cercano e íntimo? ¿Y qué es lo que te ha aportado hacerlo?

Para mí es el tema. Todo mi trabajo, si es que es un trabajo, es un intento de hacer desaparecer la línea que separa la fotografía de la vida. Hay un inicio, que es un diario. El día a día es muy importante para mí. La vida y lo cotidiano son más interesantes que cualquier forma de celebración. Es una actitud, también. Siempre he realizado un diario fotográfico desde que tengo una cámara en las manos.

El paso del tiempo es otro de los grandes temas. Cambia lo que te rodea y tus intereses se amplían, pero no la necesidad de captar el entorno más próximo. Primero fue un diario de mis propias experiencias, después de mi relación con Sónia, desde que nos conocemos hasta qué tenemos hijos y, actualmente, está más centrado en la vida familiar, el día a día con mis hijos y en la fotografía como forma de aprendizaje continuo, como proceso, como la vida misma.

Entiendo la fotografía como un sistema adaptativo y como una gran máquina de crear relaciones. El carácter polisémico de la fotografía me parece maravilloso, realmente puede ser cualquier cosa y cualquier cosa puede suceder dentro o alrededor de la fotografía. A mí me ha servido convertirlo en necesidad. Fotografiar por necesidad, creativa o física, tanto da, es un buen indicativo de resultados interesantes.

En tu obra hablas de un tema universal como es el de la familia, pero desde un punto de vista muy personal. ¿Crees que con trabajos como el tuyo, el público se siente más identificado que con otros trabajos que tienen un punto de vista más impersonal? ¿A qué crees que se debe?

Como decía Stieglitz, hace ya muchos años, ese es el poder de la cámara: apoderarse de lo familiar y dotarlo de nuevos sentidos. Y como comentaba antes, creo que es la necesidad lo que te lleva a lo personal. Aunque toda fotografía es, en parte, personal. Y el mismo concepto de personal, de originalidad puede llevar a confusiones.

Lo personal muchas veces son clichés, y los temas universales lo son todavía más y no por eso dejan de ser interesantes. Llevamos fotografiando las mismas cosas desde los inicios y nos sigue sorprendiendo y quedamos fascinados por un rayo de luz naranja a última hora del día… Esa es otra cualidad única de la fotografía, podemos trabajar grandes temas universales desde dentro y hacia fuera, desde lo pequeño intentar conectar con algo más grande. La identificación o el conectar es importante. Llegar a lo universal desde la base, desde lo pequeño y familiar es uno de mis objetivos.

Los buenos proyectos, si prestamos atención, suelen ser temas universales pero realizados desde una nueva manera o lugar, hoy en día desde la edición o la producción.

"Como decía Stieglitz, hace ya muchos años, ese es el poder de la cámara: apoderarse de lo familiar y dotarlo de nuevos sentidos."

Después de tantos años haciendo fotos a tu familia, ¿nos podrías explicar cómo crees que ha evolucionado tu manera de mirarlos a ellos y a tu entorno? ¿Crees que también ha cambiado su manera de “enfrentarse” al objetivo?

Para mí, la fotografía es una manera de relacionarme con ellos. No hay separación en mi caso. La cámara es un miembro más de la familia. Araki decía, de manera autobiográfica, que hay una cámara entre un hombre y una mujer. La mirada cambia y tiene que cambiar, porque en proyectos vitales y de largo recorrido, el primero que cambia es el autor, el fotógrafo. 

El día a día del diario me sirve para ver esos cambios y aprender, ser consciente de cómo la fotografía se adapta a tu vida en una especie de circuito de retroalimentación. El diario es una herramienta maravillosa, está todo allí, sólo tienes que prestar atención. Los temas y las ideas están latentes y muchas veces es el paso del tiempo lo que da forma a una idea concreta. Ahora, para mí, el diario es una herramienta. Estoy cerrando una etapa compulsiva donde he acumulado mucha imagen, de muchas tipologías diferentes, pero de un mismo tema. Estoy empezando a jugar con ello y a dar forma a diferentes conceptualizaciones que surgen de ideas que ya estaban latentes en fotografías de hace más de 10 años.

Trabajas también como editor y, viendo la gran cantidad de material que tienes, ¿no sientes la necesidad de llevar parte de estas imágenes al papel en un formato libro o algo parecido?

Sí, claro. Me interesa mucho la edición como proceso orgánico y desde hace años estoy vinculado al mundo editorial, actualmente como editor y director de arte independiente.

En mi caso, la problemática es la finitud. El publicar un libro parece que se cierre un proyecto y se pase a hablar en pasado, esto ha sido… Esto pasa con casi toda la fotografía, rápidamente se convierte en huella, en rastro y a mí me gusta estar dentro del proceso y necesito tiempo para ver con claridad los temas que realmente tienen interés. Una cosa es el diario y el flujo de trabajo que este supone y otra muy diferente publicar un libro.

Sí que me planteo a corto plazo la edición y publicación experimental como difusión de parte de mi trabajo. Acabo de inaugurar y presentar, dentro del programa Temporals de l'Ajuntament de Barcelona, mi proyecto Our garden, en l’Espai Fotogràfic Can Basté (del 3 de febrero hasta el 19 de marzo y durante el 2022 se va a exponer en diversos espacios). Our Garden despliega una gran metáfora. El ciclo de la vida, el hecho de sembrar, regar, esperar... Son procesos que se dan en la formación tanto de una familia como de un jardín.

Our garden es el ejemplo práctico de proto-idea que estaba latente en el diario y que se ha ido conceptualizando con el paso de los años. Hay una publicación que es a la vez pieza central de las muestras expositivas y semilla impresa cuya función es la difusión del mismo proyecto. El diario como herramienta, la edición como herramienta y la publicación vuelve a convertirse en herramienta, en este caso, para hacer crecer el mismo proyecto. El objetivo final sí que va a ser publicar un libro muy concreto y sí que me gustaría contar con el apoyo de alguna editorial.

La publicación Our Garden la voy a entregar de manera gratuita los dias 17 de febrero, 3 y 17 de marzo en Can Basté. Recibir la publicación implica un pacto de compromiso con el cuidado de unas semillas.

"El carácter polisémico de la fotografía me parece maravilloso, realmente puede ser cualquier cosa y cualquier cosa puede suceder dentro o alrededor de la fotografía. A mí me ha servido convertirlo en necesidad. Fotografiar por necesidad, creativa o física, tanto da, es un buen indicativo de resultados interesantes."

Hemos visto que diriges el Máster en Creación Fotográfica en ESCAC, una escuela relacionada desde siempre más con el cine que con la fotografía. ¿Nos puedes explicar de dónde salió la idea y qué podemos encontrar en él?

Se trata de un proyecto que me hace mucha ilusión. Después de algunos años de docencia en diferentes escuelas y en mis talleres propios de fotografía, quería intentar desarrollar un proyecto pedagógico propio y de largo recorrido.

En ESCAC se han dado las condiciones propicias, después de mucho trabajo e incertidumbre en el sector por culpa de la pandemia. El Máster en Creación Fotográfica y Nuevos Formatos es realmente el tipo de propuesta educativa que me habría gustado encontrarme hace años, cuando empecé en esto de la fotografía. La lógica hibridación foto-cine, natural al estar en una escuela como ESCAC y el carácter experiencial de la propuesta pedagógica, basado en el proyecto de largo recorrido.

Está planteado como un viaje con distintas paradas, lxs alumnxs experimentarán la concepción y creación de sus ideas; desde su edición previa, la formalización hasta llegar a la producción real del proyecto en sus distintas formalizaciones: expositivo, publicación o fotolibro y pieza de nuevo formato audiovisual.

Entiendo al autor o autora como un productor de imágenes con sentido y discurso propio. Un contador de historias y un transmisor de conceptos. Sentido histórico y sentido contemporáneo. Aquí y ahora, pero sin perder de vista la historia. Más que nunca formar en un sentido crítico en este presente de sobreabundancia de imágenes. Además, la fotografía analógica va a estar muy presente.

Sabemos que trabajas tanto en formato analógico como en digital y que utilizas de forma premeditada uno u otro. ¿Qué es lo que te aporta un formato u otro?

Son procesos complementarios, algunas veces. Para la compulsión de los primeros años de crianza de mis hijos y para ciertos encargos, el digital me ha funcionado. Según el proyecto puedo cambiar, pero actualmente disparo casi todo con analógico y medio formato. Será que estoy cerrando esa fase compulsiva…

Para mí, la diferencia está en el proceso de edición, con la limitación del rollo de película analógica me siento cómodo y la edición es mucho más mental; sucede en la imaginación, hay un margen de error y misterio que me interesa, y cada vez más. Con el digital la edición es más física, siempre se dispara más de lo necesario y hay una gestión del tiempo diferente, necesitas pasar horas seleccionando y editando. 

Aunque lo ideal es poner en primer término el proyecto y su producción. Muchas veces el soporte y su comunicación es más importante que si un proyecto ha sido hecho de tal o cual manera. Con algunos libros no puedes identificar si el autor ha utilizado película o digital porque en sí mismo el proceso de producción de una fotomecánica es material y analógico. Y me parece maravilloso que así sea. Al final se trata de sentirte cómodo con tus procesos creativos. Y aquí volvemos a la fotografía como sistema adaptativo. Al final se trata de ser consecuente con lo que eres y con lo que quieres comunicar. Lo que está adentro, está afuera.

"Con la limitación del rollo de película analógica me siento cómodo y la edición es mucho más mental; sucede en la imaginación, hay un margen de error y misterio que me interesa, y cada vez más."

Si solo pudieras elegir una cámara y un carrete. ¿Cuál elegirías?

Pentax 67II y Kodak Portra 400.

Si tuvieras que recomendarnos un fotolibro, ¿cuál sería?

Soy incapaz de recomendar sólo uno, os pongo unos cuantos:

Cualquiera de Roger Guaus, de Ca l'Isidret Edicions /A les 8 al Bar Eusebi, de Salvi Danés / Diaris 2009-2019, de Alba Yruela / Tratado de fotografía desobediente, de Blanca Viñas / 8 hores amb Tàpies, de Sophie Köhler (de los dos últimos he participado como editor y director de arte).

Un fotógrafo o fotógrafa que te hayan marcado.

En 1989, fui a ver al museo de zoología de Barcelona la exposición de Fauna (Joan Fontcuberta y Pere Formiguera). Tenía 13 años y, naturalmente, me lo creí todo, iba con un amigo que quería ser veterinario, mucho más escéptico que yo, él dudaba, yo no, de ninguna manera: lo maravilloso existe, no tengo ninguna duda y estas fotografías son la gran prueba.

Fontcuberta y Formiguera utilizaron el convincente envoltorio del museo de zoología de Barcelona para “presentar” su proyecto Fauna camuflados como el profesor Peter Ameisenhaufen y su ayudante Hans von Kubert. Yo, por aquel entonces, no sabía que la fotografía tendría un papel tan importante en mi vida.


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