Nan Goldin y la fotografía para sobrevivir

"Solía pensar que nunca perdería a nadie si lo fotografiaba suficiente. De hecho, mis fotografías me muestran lo mucho que he perdido."

Las fotografías de Nan Goldin (Washington D.C., 1953) nos muestran el lado más personal y a la vez oscuro de la realidad. Su particular estilo fotográfico y la elección de retratar los momentos más íntimos y privados, definen una forma de enfocar la vida en la que el placer y el dolor conviven como parte de un todo. De ahí que el tema central de sus imágenes gire siempre en torno a temas que normalmente permanecen ocultos: el sexo, la pobreza, el VIH o la violencia.

A Goldin no le interesan las imágenes bonitas, sino que retrata la cruda realidad sin adornos. Para ella, la fotografía no es más que un medio para atrapar los momentos más cotidianos antes de que éstos se desvanezcan en el olvido, en un intento casi desesperado de llenar un profundo vacío existencial. Cualquier situación se convierte, así, en una excusa para adentrarnos en su mundo interior, mostrándonos historias de amor, de dolor, pérdida, o incluso de delirio.

"No fotografío momentos que tengo en mi cabeza; vivo momentos y estos se convierten en imágenes."

The ballad of sexual dipendency (1986), título inspirado en una canción de Bertolt Brecht y Kurt Weill, es su obra más importante. Se trata de un diario visual presentado en un primer momento mediante 700 diapositivas: como afirma la artista, el diario que permito que la gente lea. 

En esta obra, la cámara se convierte en una extensión de la propia Goldin, permitiéndole capturar todo lo que le rodea y mostrar aquello que permanece invisible: el retrato de un colectivo contracultural atrapado en una espiral de drogas, desamparo y autodestrucción: en palabras de Goldin, éramos parte del mundo. No nos sentíamos marginados porque no nos importaba nada lo que la gente convencional pensará de nosotros. 

Lo heterogéneo e identitario se confrontan en clubs nocturnos, en las calles de Nueva York o en el propio loft de la artista para reflexionar, como afirma Gloria Crespo Maclennan, sobre el conflicto que muchas veces subyace en las relaciones sentimentales; la lucha entre la intimidad y la independencia, entre el deseo y el dolor.


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