Luigi Ghirri, la realidad y su representación

"Fotografié a mucha gente de espaldas (…) En ese tipo de fotografía, como en muchas otras, intentaba desplegar el infinito número de identidades posibles de cada persona (…) para no olvidar que la búsqueda de una identidad única es siempre un camino tortuoso."

Luigi Ghirri (Scandiano, 1943 – Reggio Emilia, 1992) es uno de los grandes referentes de la fotografía italiana. En una época en la que predominaba la fotografía en blanco y negro, Ghirri recurre al color y utiliza la fotografía como medio de reflexión acerca de la realidad y la diferencia fundamental entre aquello que vemos y aquello que las imágenes representan.

Estudia la carrera de Geometría y trabaja como topógrafo en Módena hasta cumplir 27 años, edad en la que decide dejar su trabajo y dedicarse a la fotografía. Su amplia experiencia en medir y delimitar territorios como topógrafo, marca profundamente su obra fotográfica. De hecho, según James Lingwood (comisario de El mapa y el territorio, retrospectiva dedicada a su obra en el Museo Reina Sofía en 2019), el fotógrafo italiano sigue trazando mapas de la vida cotidiana con sus imágenes.

Fascinado por la magia de lo ordinario, Ghirri captura la realidad desde una posición discreta y frontal, acercándola al mundo de los mapas y a las diferentes maneras de representar y reproducir la realidad: no ha sido mi intención hacer fotografías, sino planos, mapas, que sean, al mismo tiempo, fotografías.

Según Ghirri, la fotografía nos revela nuestra posición fronteriza entre lo que conocemos y lo que ignoramos. En palabras de su amigo y poeta Gianni Celati, para Ghirri fotografiar no significa otra cosa que sorprenderse por cualquier cosa, encontrar la emoción que te haga imaginar la vastedad del espacio, incluso en las cosas más cotidianas.

"Me interesan la arquitectura efímera, el mundo de provincias, los objetos que todo el mundo define como kitsch pero que para mí nunca han sido tal cosa, sino objetos cargados de deseos, sueños y recuerdos colectivos."

De este modo, las fotografías nos muestran cómo el mundo toma una forma en el momento en que alguien lo observa, desplegándose así una distancia inabarcable entre la realidad y su representación, que hace que no podamos llegar a conocer del todo lo que nos rodea y que, tras cualquier imagen, siempre exista otra fotografía que nunca hayamos visto.


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